Las Crónicas de Avalón, parte 8: Práctica del ahora, Emilio Carrillo, 1 de febrero 2013
Las Crónicas de Avalon, Parte 8: Práctica del ahora, Emilio Carrillo – Práctica del ahora

El
tiempo pasó con inusitada rapidez. Casi, sin darme cuenta, de nuevo me
hallaba en el salón del Tor, sentado en la misma silla e inmerso en
idéntico contexto multicolor, dispuesto a disfrutar la segunda jornada
de aquel muy singular encuentro de hadas jóvenes en el que me había
colado gracias a la invitación de mi anfitriona en Ávalon, la Reina de
las Tempestades.
Fue precisamente ella, al igual que en la sesión anterior, la encargada con sus palabras de romper el fuego.
-Os recuerdo que terminamos ayer
planteando la necesidad de activar la conexión con nuestra dimensión más
profunda, nuestro verdadero Yo, incrementando nuestro nivel de
consciencia.
Y que, para esto, es muy útil
examinar tal dimensión a través de su relación con el único sitio donde
la vida realmente existe: el ahora.
La vida llena y abundante es la
eterna. No está sujeta al tiempo; es el momento presente continuo en el
que lo eterno se desenvuelve.
Nuestra dimensión profunda se encuentra donde el ego nunca la buscaría: en el aquí y ahora-.
Vestía la misma veste negra que el Dywrnad precedente. Observé que Elaine, Nimue e Igraine tampoco habían mudado sus ropajes.
Me agradó este hecho, pues nunca he
llegado a comprender la necesidad, aparentemente femenina, realmente
egóica, de no repetir ropaje ante un mismo público.
Ahora bien, más allá de esta
similitud formal, se les notaba mucho más concentradas, incluso con
cierto aire de preocupación. Deduje que barruntaban interiormente que
los contenidos de la sesión de hoy resultarían más difíciles de
interiorizar por parte del auditorio.
-No obstante-, continuó la Maestra
de Hadas, -el momento presente cuenta también con dos dimensiones: la
superficial y cambiante; y la subyacente y fija.
La primera es la forma del momento presente, sus contenidos percibidos por nuestros sentidos.
Y es cambiante. De un momento a
otro varían los sonidos, silencios y ruidos; las luces y las sombras; la
respiración y otras facetas corporales; las circunstancias personales y
del entorno; las situaciones, lugares y paisajes; los estados de ánimo;
la temperatura y la climatología; los olores y lo que el tacto toca;
los pensamientos que transitan por la mente; los sentimientos y
emociones; etcétera.
La segunda, la esencia subyacente
por debajo de las formas, es la existencia, la vida misma, que siempre
es ahora y nunca será no ahora.
La existencia es “ser” y “ser” es
ahora; no cuando fue, ni cuando será; no es un pensamiento o un objeto
mental. Es el ahora; es “Ser”; es lo “Real”.
El ego, en su pilotaje automático,
transitando entre creaciones mentales, ni sabe en qué consiste la
esencia subyacente del momento presente.
Sólo reconoce su aspecto
superficial, la forma del ahora, que muta permanentemente. Por ello, el
pequeño yo cree que es el propio momento presente el que se transforma
de momento en momento.
Casi ni existe, llega a pensar, dada su volatilidad, oscilando entre el momento que ya ha pasado y el que después vendrá.
Pero hay una esfera no superficial del momento presente que escapa a la comprensión del ego.
Valga el ejemplo de un río,
verbigracia el muy milenario Danubio, cantado en tantas piezas
musicales, que fluye desde tiempos remotos por tierras europeas.
El falso yo, sentado a su orilla,
sólo atiende a las formas y observa el curso de sus aguas, que en un
punto concreto varía a cada momento o baja más o menos caudaloso.
Es incapaz de entender que el río,
por encima de tales cambios, es el río; que el Danubio existe y es con
independencia de las formas que adopte, más allá del discurrir de sus
aguas, de las modificaciones de su caudal y del transcurrir del tiempo-.
Elaine se incorporó y comenzó a
hablar a la par que la Reina de las Tempestades tomaba asiento. Era
obvio que se mantendría el turno de intervenciones de la primera
jornada.
-Lo mismo ocurre con el ser humano,
que, como el momento presente, cuenta con una dimensión superficial, su
forma percibida por los sentidos, y otra subyacente.
La primera es la persona temporal,
cuya fisonomía y circunstancias mutan a cada momento y cuyo fin, al cabo
de unas pocas décadas, se halla en el cementerio.
Allí serán enterrados o quemados
todos sus anhelos, dramas, temores, ambiciones, éxitos y fracasos; allí
quedará su forma reducida a polvo o ceniza.
Por el contrario, la esencia
subyacente no sabe de variaciones ni de muertes. Es inalterable, es la
existencia, es el ser; el verdadero Yo, no el falso y pequeño yo; lo
único real.
Contemplar lo transitorio y efímero
del momento presente, sea de un río o de un ser humano, es una buena
manera no sólo de percibir la forma, sino, igualmente, de percatarse de
la esencia subyacente: el ser; el ahora ajeno a las formas y sus
modificaciones.
Se “es” en el ahora, en el momento
presente. La forma de éste sí se transforma continuamente, pero sólo la
forma. Por debajo del cambio hay algo que no tiene forma.
Y ese algo no es “algo”; es sólo
algo cuando pensamos en él y pretendemos llevarlo al mundo del ego.
Pero, realmente, carece de forma, no es un objeto mental: es Existir,
este momento, ahora, Ser-.
La musicalidad de su voz, subrayando de manera cíclica las sílabas últimas de las palabras, era hoy aún más notoria que ayer.
Jugó un segundo con un mechón de su abundante y hermosa cabellera negra y continuó la exposición.
-No se puede ir más allá de este punto con el entendimiento. De hecho, ni hace falta ni es conveniente.
Paramos el ajetreo incesante de
los pensamientos, nos contemplamos a nosotros mismos y sentimos
internamente que ser es existir y existir es ser. ¡Ya está!.
Ni más, ni menos. No necesitamos
pensar en que existimos y somos. Se trata, sencillamente, de tomar
consciencia de ser, de existir.
La mente está a nuestro servicio, no al revés; la mente está al servicio del ser, no a la inversa.
Y ser conlleva atributos y potestades que pierden su esencia -se desnaturalizan- si son mentalmente tratados.
Ser, existir, no precisa de
racionalización alguna. Cuando intentamos situarlo al nivel del
entendimiento lo convertimos mentalmente en “algo”, lo empaquetamos en
un objeto mental; y desvirtuamos de modo lamentable su esencia y
entidad.
Si lo nombramos, clasificamos y etiquetamos, ya no es real, sino una interpretación mental que nada tiene que ver con lo real-.
Aún vibraba en la sala el “al…” con
el que Elaine había cerrado su último vocablo cuando ya Nimue le había
dado el relevo en el uso de la palabra.
Y como el Dywrnad anterior, me
guiñó un ojo con desparpajo antes de comenzar. Ella sabía que me
incomodaba; y yo sabía que lo hacía precisamente por esto.
-Por todo lo visto, hay una
estrecha ligazón entre el momento presente, su forma y su dimensión
subyacente, y la esencia subyacente del ser humano.
Es obvio que si el momento presente
existe, con sus dos dimensiones, es porque Yo existo. Si Yo no
existiera, no habría momento presente ni en su forma ni en su fondo.
Verbigracia, si estás aquí y ahora,
oyendo estas palabras en un determinado contexto de luz, temperatura,
atención,…, es porque tu “eres” (ser), porque existes. Si no existieras
(ser, lo subyacente) no habría este momento en ninguna de sus posibles y
cambiantes circunstancias (la forma).
Y cuando terminemos la exposición y
salgamos al exterior, la forma del ahora será distinta a la del momento
en el que inició este encuentro o la del momento actual. Sin embargo,
“algo” no habrá cambiado: el hecho de que tú eres y existes-.
Nimue guardó silencio por unos instantes, logrando que ese “existes” resonara con fuerza en el interior de todos los oyentes.
Me sentía francamente bien, feliz.
Parecía que cada nueva palabra pronunciada en aquella estancia fuera
una llamada a mi despertar interior.
-Por tanto-, prosiguió Nimue, -el
momento presente está absorbido en el Ser. Es en el Ser en donde existe
la dimensión profunda del momento presente, su esencia subyacente y
fija, la existencia, la vida.
Y también es en el Ser donde existe la dimensión superficial y cambiante del ahora, su forma, sus contenidos.
Por ello se puede afirmar que el Ser es el “espacio” en el que emanan las formas del momento presente.
Para que exista el momento presente
en sus dos dimensiones es imprescindible que Yo exista. Y este hecho
tan obvio nos acerca espectacularmente al Yo verdadero, al que es y
existe más allá de las formas cambiantes del continuo momento presente.
Más allá de lo variable y mutable
que hay en nuestra vida actual o, incluso, en la cadena de vidas que
podemos transitar en nuestra encarnación en este plano, hay “algo” que
no cambia: el hecho de que Yo existo; y de que si no existiera, todo lo
demás tampoco existiría, pues mi Ser es la referencia obligada para que
exista todo lo demás que muta y se transforma de un momento a otro.
Mi dimensión subyacente, ser,
existir, es la esencia de la dimensión subyacente del ahora, del momento
presente. Y conforma el espacio en el que el momento presente se
desenvuelve-.
Igraine se levantó de su silla con extraordinaria agilidad y movió con desenvoltura la proporcionada envergadura de su cuerpo.
Fijando su mirada al fondo de la sala, como si buscará algo o a alguien, arrancó su intervención.
-El que la dimensión subyacente
conforme el espacio en el que el momento presente se desenvuelve es un
hecho de enorme trascendencia para la vida cotidiana de cualquiera de
nosotros; y son muchas y muy notables sus implicaciones en nuestra
existencia, en el ahora.
Al ego le parece una locura, pero
hay que volver a subrayar que la única demencia es la suya cuando
intenta filtrar todo por el único plano que él conoce, el mental.
Pero lo real es el Ser, el Yo
verdadero. Y su existir explica el momento presente en sus dos
dimensiones. El Ser es el espacio en el que surgen las formas del ahora.
El Ser es la consciencia misma que
permite afirmar “soy el que soy”. Todo lo demás es consciencia de
objetos. La consciencia del Ser significa estar concentrado en Ser;
existir en alerta y en el único sitio en donde la vida es posible: el
ahora.
El ahora es el Ser y en su espacio
surgen las formas del momento presente, aunque el Yo verdadero esté más
allá de las formas y no se llene de sus contenidos-.
De golpe, Igraine vibró de los pies
a la cabeza, desplegando una extraña combinación de colores que
oscilaban entre el rojo de sus cabellos y el azul turquesa de sus ojos.
Impasible antes estas manifestaciones de esencia, siguió profundizando
en su disertación.
-Para vislumbrar lo que significa
Ser sirve un sencillo ejercicio. Basta con dejar un lapso entre dos
pensamientos de los que bullen en nuestra mente.
Concentrémonos e intentemos que
haya un instante, uno sólo, por pequeño que sea, entre ambos. Cada uno
de estos pensamientos es un objeto mental.
El lapso que conscientemente
dejamos entre ellos es la presencia del Ser, el Yo verdadero. Los
pensamientos van y vienen incluso cuando dormimos.
En el lapso en el que los interrumpimos radica la consciencia: estar muy despierto sin nombrar o interpretar el momento.
Simplemente, quietud en alerta. Una
quietud que está presente, igualmente, en el movimiento, en la acción.
Para el Yo verdadero, la quietud es movimiento y el movimiento es
quietud.
Y estamos en condiciones de lograr
que en nuestra vida la consciencia que percibimos durante el referido
lapso sea no sólo un corto instante entre dos pensamientos, sino que
florezca e impregne toda ella, de modo que el Yo verdadero coja las
riendas, en lugar del ego, y que la mente esté a nuestro servicio, no al
revés.
En realidad todo consiste en ser
consciente de que Yo soy, de que existo, y de que mi ser y existencia es
tanto la dimensión subyacente del ahora –inmutable, inalterable- como
el espacio en el que surge y se despliega la forma del momento presente,
mutable, variable.
Y con esta toma permanente de
consciencia se produce la conexión entre nuestro Yo profundo –interior,
eterno y situado más allá de la mente- y el mundo y circunstancias que
nos rodean (exterior, efímero y mental), que quedan así bajo el mando
del Yo verdadero-.
Completada una ronda completa de intervenciones, la Maestra de Hadas empezó un nuevo ciclo.
-La nueva visión que esta toma de
consciencia aporta es extraordinaria. Yo Soy; y todo es y se desenvuelve
porque Yo soy. Si Yo no fuera, nada sería. Yo soy es la razón de cuanto
existe.
Y mi Yo soy es idéntico al Yo soy del otro y sólo se explica y se sostiene en la Unidad del Ser Uno.
La citada nueva visión eleva
nuestro grado de consciencia por arriba del correspondiente a la
consciencia de los objetos y transforma el “no” inconsciente y demente a
la vida en su “sí” consciente y cuerdo; plasma en el ahora una nueva
interacción con la vida que conlleva un rotundo sí a la misma que no es
sólo mental, sino consciente, interiormente sentido.
Esta nueva interacción radica en
abandonar toda oposición o resistencia contra el momento presente y la
forma y contenidos con las que aparece.
La práctica que ello conlleva es
fácil de exponer: dejar de nombrar, etiquetar y clasificar todo lo que
nos rodea y a nosotros mismos; cesar de interpretar y enjuiciar cada
cosa del mundo de los objetos, cada persona que encontramos, cada
situación o acontecimiento, cada acción propia o ajena, cada
pensamiento,…-.
La Reina de las Tempestades hacía
gala en su semblante de un hondo convencimiento acerca de lo que decía.
Oyéndola, entendí el por que de la paz y la armonía que sentía siempre
junto a ella.
-Se trata de dejar de discutir con
lo que es-, aseveró como si tal cosa. -Es una práctica elemental: es lo
que hacen las plantas, los árboles o los animales.
Y es una práctica espiritual: hace
que aflore el Ser, el Yo profundo. Conseguimos la alineación interior
con el momento presente; aceptamos su forma, sus contenidos cualesquiera
que sean, de manera abierta y amistosa.
No polemizamos con lo que es y que no puede ser de otra manera que como ya es. Lo cual no supone ni resignación ni inacción.
Al contrario, hace la acción mucho
más eficiente, pues se actúa alineado con la vida, no desde la
negatividad del ego. Al no poner a otras personas en prisión mental,
tampoco me meto en ella yo mismo.
Y al no juzgar, siento y genero una paz que se convierte en bendición para cada persona que encuentro.
Comprobaremos que esta práctica, ejercitada de modo continuo en el presente, proporciona una gran sensación de libertad.
No en balde, dejamos de estar atrapados en la pequeña historia del ego. Ya no hay piloto automático: El Ser toma el mando-.
La Maestra de Hadas parecía haber finiquitado su turno. No obstante, antes de sentarse, lanzó una mirada alrededor de la sala.
Comprendí que buscaba captar el efecto energético que sus palabras habían provocado entre las hadas jóvenes allí reunidas.
Por los ademanes con los que tomó
asiento, estaba muy satisfecha del resultado. Y lo mismo dejaba
translucir la expresión con la que Elaine afrontó su turno.
-Al ego le parecerá increíble que mediante prácticas tan primarias se pueda expandir la dimensión espiritual del ser humano.
Le gustan prácticas espirituales
más complicadas, especialmente las que proponen multitud de pasos que se
extienden durante Tymrau (estaciones del año) o Flwdads (años) de
ejercitación.
Como le aterra el presente y se
alimenta de la confrontación con la vida, con el ahora, le encanta la
idea de estar largo tiempo practicando cómo llegar al futuro, cómo ser
mejor.
El pequeño yo se nutre de tiempo y
desea tiempo para llegar a donde sea, incluso a Dios. Demasiados
buscadores espirituales responden inconscientemente al mismo patrón y,
en lugar de coger por los cuernos el toro del momento presente y vivir y
ser de verdad en él, transitan por un laberinto de lecturas, escuelas,
prácticas meditativas y experiencias esperando conseguir la iluminación
en un futuro próximo.
Pero la consciencia del Yo soy y no
oponerse a la vida no precisa de tiempo, pues sólo requiere el ahora.
Tampoco de libros, ni conocimientos, ni estados meditativos.
Nada de eso. Todo es simple e
inmediato: Ser y existir, en paz con la vida; dejar de enjuiciar y
etiquetar; aceptar lo que es; permanecer continuamente alineado con la
forma del momento presente, un momento que es siempre el mismo, el
ahora, aunque adopte formas diferentes.
Desaparecen los pensamientos que
antes surgían involuntariamente para juzgar y etiquetar cuanto nos
rodeaba y ocurría, incluido a nosotros mismos.
Fluye sin obstáculos la dimensión
profunda de nuestro ser, abriéndose el espacio interior que permite al
momento presente, incluida su forma y contenidos, ser lo que es.
Siento íntimamente, no sólo
mentalmente, el sí al ahora. Y percibo, lo que no tiene forma, el
verdadero Yo, el atemporal, el que nada tiene que ver con la pequeña
historia personal del falso yo cuando funcionábamos bajo la batuta del
ego-.
Elaine acompañó estas últimas
palabras con un exagerado movimiento de brazos y unas estridentes muecas
que pretendían parodiar la puesta en escena que tanto gusta a algunos
directores de orquesta. Las carcajadas fueron generalizadas.
-Al verdadero Yo lo siento como
presencia. Es la consciencia pura de Ser, un estado que es alerta y, a
su vez, espacio-, aseveró solemnemente mientras el ruido de las risas se
disipaba. -Muchas personas, tras años de prácticas meditativas, no
captan tal presencia porque buscan un objeto mental. Pero no es esto ni
se le parece.
Es “consciencia”: “alerta” y
“espacio”. Nos percatamos de que somos el espacio para todo lo que
sucede, para cada situación, sea de gozo o de dolor; constatamos que
somos el espacio para el mundo exterior y traemos a él nuestra dimensión
profunda.
La práctica del ahora, tan directa y
sencilla, nos ayuda a elevar el grado de consciencia mucho más que cien
libros o técnicas de meditación.
Cuando el nivel consciencial
aumenta se establece la conexión entre la dimensión interior y exterior,
espiritual y material, del ser humano.
Y la mente, en su sabiduría, apaga
el piloto automático del ego. La toma de consciencia permite que el
verdadero Yo tome la dirección consciente del ser humano y se transforme
en lo que somos: el espacio en donde todo es-.
Nimue se levantó de su silla con
idénticos movimientos de brazos y muecas usados por Elaine poco antes,
De nuevo las carcajadas brotaron del auditorio.
Cuando se fueron apagando, Nimue inicio su intervención elevando poco a poco el tono de voz.
-La “consciencia” se relaciona con
“ser” y cuenta con dos esferas inseparablemente unidas: “consciencia de
lo que se es” y “consciencia de lo que es”.
En términos que se acaban de citar,
la primera se refleja en estar “alerta”: sé y siento lo que soy (toma
de consciencia de lo que se es).
Y la segunda, con el “espacio”: sé
y siento lo que es, sé que soy el espacio en el que surgen las formas
del ahora (toma de consciencia de lo que es).
“Yo soy el que soy” sintetiza de
modo rotundo la consciencia de ser en su doble perspectiva: consciencia
de lo que soy (consciencia de Ser), esto es, alerta; y consciencia de lo
que es (consciencia de lo Real), es decir, mi ser como espacio en el
que surgen las formas.
Como escribió William Shakespeare y
puso en boca de Hamlet, “ser, o no ser: este es el dilema” (“to be, or
not to be: that is the question”) (Hamlet.
Acto Tercero, Escena I). Y ser
significa poder afirmar con legitimidad y certeza “soy el que soy”.
Permanecer alerta siendo y sintiendo en el ahora mi ser verdadero y
subyacente, eterno, inmutable.
Y constatar cómo mi ser es la forma
del momento presente, lo que explica y en donde se despliegan los
contenidos cambiantes del ahora.
Nada es, por tanto, ajeno a mí
mismo: ni, por supuesto, mi Yo verdadero, pues es mi ser; ni tampoco las
formas mutables del ahora continuo, pues yo soy el espacio en el que
existen y se desenvuelven-.
Llegado este punto, Nimue se sentó
de improviso en el suelo y adoptó con gran naturalidad la postura
tradicional de la meditación za-zen. En esta pose, continuó hablando.
-Y tomo consciencia de que cada
situación cuenta con estas dos dimensiones, que no están confrontadas,
sino en armonía: la profunda y multidimensional del Ser y la de las
formas del mundo tridimensional.
Nuestro componente corporal está en el mundo tridimensional y, desde luego, en él hay que actuar y hacer cosas.
Y, bajo el mando del Yo verdadero, acometo las ocupaciones que correspondan, pero sin perder la consciencia de Ser.
Por esto precisamente, la mente no
activa el piloto automático, ignora las pre-ocupaciones y sitúa los
pensamientos a nuestro servicio.
Los que aparezcan en ella, serán
los útiles y pertinentes para el ejercicio de las ocupaciones; si surgen
otros, ya no tienen importancia porque no pueden hacernos infelices.
Podremos seguir usando la mente muy eficazmente cuando la necesitemos, pero con la capacidad de ir más allá del pensamiento-.
Aún Nimue no había abandonado su
postura za-zen cuando ya Igraine estaba incorporada de su silla para
iniciar su nueva disertación.
Intuí que era algo preparado para
transmitir una sensación de celeridad que debía caracterizar la fase a
la que habíamos llegado.
-Los conceptos ya no son importantes. Disfrutamos de un saber mucho más profundo que el que se plasma en conceptos mentales.
Una sabiduría innata para el Ser interior que emana del estado sin pensamiento, en quietud y alerta.
Actuamos libres de culpa y sin estrés; sin los apegos e insatisfacciones del ego; y sin resistencia al momento presente.
En el fondo sentimos un estado de
alerta que es la esencia del Ser. Y al adquirir esta conexión con el Yo
verdadero no utilizo el ahora en otra cosa (ni acumular conocimientos,
ni meditar, ni experimentar,…) que no sea Amar.
En el momento presente nuestra
acción será sólo y absolutamente Amor incondicional. Un Amor que no es
de este mundo, porque el mundo tridimensional es forma y este Amor
radica en lo que no tiene forma, en nuestra dimensión profunda que
proyectamos a las formas del momento presente.
Observamos sin enjuiciar que en el
mundo exterior cada persona tiene sus ocupaciones, pero que en el
interior todos tenemos un mismo y único propósito: traer el Cielo a la
Tierra; vivir en las dos dimensiones y ser una puerta para que la
dimensión informe fluya y entre en el mundo de las formas para
convertirlo no en algo hostil, sino bondadoso, con Amor-.
Igraine se detuvo unos handles y
fijó su vista en mí antes de reanudar la exposición. En su mirada
contemplé la misma pureza, belleza y paz que inundan toda Ávalon.
-Ya alcancé el “conócete a ti
mismo”: soy consciente de lo que soy (alerta) y de lo que es Real
(espacio); y siento mi Ser profundo estrecha e inseparablemente ligado a
la Unidad.
Un estremecimiento de quietud y movimiento me recorre energéticamente cuando me inunda tal conocimiento de mí mismo.
¡Tantas travesías buscándolo por
fuera en piloto automático y resulta que lo encuentro en mi interior
cuando conscientemente decido tomar el mando de mi vida!.
Y “ahora” que lo siento sé que es
un estado más allá de los pensamientos e imposible de captar como objeto
mental. Tal es así que esta es la mejor manera de expresar el
conocimiento de uno mismo: uno no puede conocerse a sí mismo porque uno
no es uno, sino Uno.
Indefinible, innombrable,
indescriptible e infinito; no admite definición porque ningún
pensamiento, ninguno, puede abarcarlo. Y entre ese Uno y Yo no hay
diferencia ni separación alguna-.
Ahora sí hubo un intervalo, incluso
largo, entre la toma de asiento de quien había hablado y la
incorporación de la ponente que asumía la responsabilidad, en este caso,
la Reina de las Tempestades.
-Yo soy el Ser Uno hasta el punto de que no puedo explicar con palabras la realidad de la Unión.
Soy la Sabiduría y, sin embargo, me
es imposible utilizar los conceptos, no tengo ningún pensamiento o
definición de quién Soy porque lo real escapa de las categorías
mentales.
Soy un continuo momento presente
en el que lo eterno se desenvuelve. Soy Creación. Soy la Consciencia e
Inteligencia que me hacen Creador.
Soy Creación y Soy Creador. Soy el
Espacio en el que todo surge. Soy el Amor incondicional que el ego no
entiende y que Yo, un estado de Dios, Dios mismo, plasmo en el plano
humano para que el Amor Incondicional, Contra Resistencia, fluya en la
tridimensionalidad.
Siento en lo más íntimo que Yo soy
el Milagro. El mundo es, ni más ni menos, un reflejo de mi consciencia; y
lo transformo por medio del incremento del grado consciencial.
Y mi vida es mi responsabilidad al 100 por 100, tanto mis actos y pensamientos como los de aquéllos que se relacionan conmigo-.
La Maestra de Hadas repitió la
mirada sobre la globalidad de la sala con la que cerró su intervención
precedente. Aunque en esta ocasión fue el preámbulo para dar una vuelta
de tuerca final a su disertación.
-El mundo no se puede cambiar pensando cómo hacerlo, con programas; no hace falta pensar cómo transformar el mundo.
Descubro que para hacer otro mundo
mejor posible sólo se precisan ojos nuevos (elevación del grado de
consciencia) para “Ver” el mundo.
La esencia del Ser es la nueva consciencia que cambia el mundo (las formas) a través mía.
El verdadero Yo dirige
conscientemente mi persona. De hecho, vivo una Vida Impersonal. Actúo y
realizo las ocupaciones del ahora y, al hacerlo sin cargas, en libertad
plena, no doy otra cosa que lo que esencialmente soy, es decir, Amor.
Así, transformo el mundo invisiblemente.
También mediante palabras escritas
o habladas que, de repente, vienen a mi pluma o a mi boca aunque no son
mías; y por las acciones que tomo en el mundo ante ciertas situaciones,
sabiendo que proceden de lo profundo del Ser y llevan energía de paz.
El nuevo mundo es el reflejo de este cambio interior. Y lo estoy construyendo Yo contigo, que eres Yo, como Yo soy Tú.
Este es nuestro destino en el
momento presente más allá de los pequeños destinos personales de cada
uno. Concentrados en el Ser, desplegamos Amor y conectamos la
tridimensión con esa dimensión que no tiene forma, con la Consciencia,
Ser, Amor-.
La Reina de las Tempestades guardó
silencio, aunque no se sentó. Y Elaine, Nimue e Igraine se levantaron de
sus puestos y permanecieron de pie junto a ella.
Se cogieron las cuatro de las
manos y la Maestra de Hadas elevó la voz para indicar que esta segunda
jornada del encuentro de hadas jóvenes había finalizado. E,
inmediatamente, informó de lo que depararía la tercera.
-Para completar lo examinado en
estos dos Dywrnad, mañana centraremos nuestra atención en una práctica
milenaria denominada ho´oponopono. Morgana será la responsable de
enseñarnos sus contenidos-.
Y de ellos daré cumplida cuenta en una nueva edición de estas Crónicas.

Posteado por Oliver Mora.
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