miércoles, 10 de abril de 2013

El primer acuerdo, Sé impecable con tus palabras

EL PRIMER ACUERDO 
Sé impecable con tus palabras

El Primer Acuerdo es el más importante y también el más difícil 
de cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de 
alcanzar el nivel de existencia que yo denomino “el cielo en la 
tierra”. 
El Primer Acuerdo consiste en ser impecable con tus palabras. 
Parece muy simple, pero es sumamente poderoso.

¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes 
para crear. Son un don que proviene directamente de Dios. En 
la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: “En el 
principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo 
era Dios”. Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo 
revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu 
intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que 
sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por 
medio de las palabras. 
No son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza; 
constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar, para 
pensar y, en consecuencia, para crear los acontecimientos de tu 
vida. Puedes hablar. ¿Qué otro animal del planeta puede 
hacerlo? Las palabras son la herramienta más poderosa que 
tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son 
como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más 
bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso 
erróneo de las palabras, que crea un infierno en vida. El otro es 
la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, 
amor y el cielo en la tierra. Según cómo las utilices, las palabras 
te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Toda 
la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia, 
y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.

Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede 
cambiar una vida o destruir a millones de personas. Hace años, 
en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre 
manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó a 
una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras. 
Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos 
de violencia. Activó el miedo de la gente, y de pronto, como una 
gran explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en 
guerra. En todo el planeta los seres humanos han destruido a 
otros seres humanos porque tenían miedo. Las palabras de 
Hitler, que se basaban en creencias y acuerdos generados por 
el miedo, serán recordadas durante siglos. 

La mente humana es como un campo fértil en el que 
continua-mente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, 
ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y 
éste crece. Las palabras son como semillas, ¡y  la mente 
humana es muy fértil! El único problema es que, con demasiada 
frecuencia, es fértil para las  semillas del miedo. Todas las 
mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla 
para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para 
qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para 
recibir las semillas del amor. 

Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas 
de miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una 
extraordinaria destrucción masiva. Teniendo en cuenta el 
pavoroso poder de las palabras, debemos comprender cuál es 
el poder que emana de nuestra boca. Si plantamos un miedo o 
una duda en nuestra mente, creará una serie interminable de 
acontecimientos. Una palabra es como un hechizo, y los 
humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, 
hechizándonos los unos a los otros imprudentemente. 

Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, 
puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. 
Continua-mente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. 
Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que 
se me acaba de ocurrir. Le digo: “¡Mmmm! Veo en tu cara el color 
de los que acaban teniendo cáncer”. Si escucha esas 
palabras y está de acuerdo, desarrollará un cáncer en menos de 
un año. Ese es el poder de las palabras.
Durante nuestra domesticación, nuestros padres y hermanos 
expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros 
nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que 
nos provocaban sus opiniones, como la de que no servíamos 
para nadar, para los deportes o para escribir. Alguien da una 
opinión y dice: “¡Mira qué niña tan fea!”. La niña lo oye, se cree 
que es fea y crece con esa idea en la cabeza. No importa lo 
guapa que sea; mientras mantenga ese acuerdo, creerá que es 
fea. Estará bajo ese hechizo. 
Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente 
y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias. 
Otro ejemplo: Quizás pienses que eres estúpido, y tal vez lo 
hayas creído desde siempre. Este acuerdo es muy difícil de 
romper, y es posible que te lleve a realizar muchas cosas con el 
único fin de convencerte de que realmente eres estúpido. 
Puede que hagas algo y te digas a ti mismo: “Me gustaría ser 
inteligente, pero debo de ser estúpido, porque si no lo fuera, no 
habría hecho esto”. La mente se mueve en cientos de 
direcciones diferentes y podríamos pasarnos días enteros 
atrapados únicamente por la creencia en nuestra propia 
estupidez. 
Pero un día alguien capta tu atención y con palabras te hace 
saber que no eres estúpido. Crees lo que esa persona dice y 
llegas a un nuevo acuerdo. Y el resultado es que dejas de 
sentirte o de actuar como un estúpido. Se ha roto todo el 
hechizo sólo con la fuerza de las palabras. Y a la inversa, si 
crees que eres estúpido y alguien capta tu atención y te dice: 
“Sí, realmente eres la persona más estúpida que jamás he 
conocido”, el acuerdo se verá reforzado y se volverá todavía 
mas firme. 
Veamos ahora lo que significa la palabra “impecabilidad”. 
Significa “sin pecado”. “Impecable” proviene del latín pecatus, 
que quiere decir “pecado”. El im significa “sin”, de modo que 
“impecable” quiere decir “sin pecado”. Las religiones hablan del 
pecado y de los pecadores, pero entendamos qué significa 
realmente pecar. Un pecado es cualquier cosa que haces y que 
va contra ti. Todo lo que sientas, creas o digas que vaya contra 
ti es un pecado. Vas contra ti cuando te juzgas y te culpas por 
cualquier cosa. No pecar es hacer exactamente lo contrario. Ser 
impecable es no ir contra ti mismo. Cuando eres impecable, 
asumes la responsabilidad de tus actos, pero sin Juzgarte ni 
culparte. 
Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de 
ser algo moral o religioso para convertirse en una cuestión de 
puro sentido común. El pecado empieza con el rechazo de uno 
mismo. El mayor pecado que cometes es rechazarte a ti mismo. 
En términos religiosos, el autorrechazo es un “pecado mortal”, 
es decir que te conduce a la muerte. En cambio, la 
impecabilidad te conduce a la vida.
Ser impecable con tus palabras es no utilizarlas contra ti mismo. 
Si te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que 
utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí 
mismo, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno 
para mí. Por lo tanto, si me enfurezco y con mis palabras te 
envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi 
contra. 
Si me amo a mí mismo, expresaré ese amor en mis relaciones 
contigo y seré impecable con mis palabras, porque la acción 
provoca una reacción semejante. Si te amo, tú me amarás. Si te 
insulto, me insultarás. Si siento gratitud por ti, tu la sentirás por 
mí. Si soy egoísta contigo, tú lo serás conmigo. Si utilizo mis 
palabras para hechizarte, tú emplearás las tuyas para 
hechizarme a mí. 
Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía 
correctamente, en la dirección de la verdad y del amor por ti 
mismo. Si llegas a un acuerdo contigo para ser impecable con 
tus palabras, eso bastará para que la verdad se manifieste a 
través de ti y limpie todo el veneno emocional que hay en tu 
interior. Pero llegar a este acuerdo es difícil, porque hemos 
aprendido a hacer precisamente todo lo contrario. Hemos 
aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con 
los demás, y aún más importante, al hablar con nosotros 
mismos. No somos impecables con nuestras palabras.

Espejo humeante pt8
continuara....

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