Subject: DISCURSO DE
DISOLUCIÓN DE KRISHNAMURTI
Este es
el discurso
que
Krishnamurti
escribió en el
año 1926,
cuando decidió
disolver La
Orden de la
Estrella de
Oriente.

Discurso de disolución
J.
Krishnamurti
La Orden de la
Estrella de
Oriente fue
fundada en
1911 para
proclamar el
advenimiento
del Instructor
del Mundo y
Krishnamurti
fue designado
máximo
dirigente. El
3 de agosto de
1929, día de
la apertura
del Campamento
Anual en
Ommen,
Holanda,
Krishnamurti
disolvió la
Orden ante
tres mil
miembros. Este
es el texto
completo del
discurso que
pronunció en
aquella
ocasión.
"
Esta mañana
vamos a hablar
de la
disolución de
la Orden de la
Estrella.
Muchos se
alegrarán y
otros se
sentirán más
bien tristes.
Esta no es una
cuestión de
regocijo ni de
tristeza, sino
que es algo
inevitable,
como voy a
explicarlo.
Seguramente
recordarán la
historia,
cuando el
diablo y un
amigo
caminaban por
una calle y
vieron frente
a ellos cómo
un hombre se
detenía y
recogía algo
del suelo, lo
miró y lo
guardó en su
bolsillo. El
amigo le
preguntó al
diablo: «¿Qué
recogió ese
hombre?».
«Recogió un
trozo de la
Verdad», le
contestó el
diablo. «Eso
es entonces
mal negocio
para ti», dijo
su amigo. «Oh,
no, en
absoluto»,
replicó el
diablo, «voy a
dejar que la
organice».
Sostengo que
la Verdad es
una tierra sin
caminos, y no
es posible
acercarse a
ella por
ningún
sendero, por
ninguna
religión, por
ninguna secta.
Ese es mi
punto de vista
y me adhiero a
él absoluta e
incondicionalmente.
La verdad, al
ser ilimitada,
incondicionada,
inabordable
por ningún
camino, no
puede
organizarse;
ni puede
formarse
organización
alguna para
conducir o
forzar a la
gente a seguir
un sendero
particular. Si
desde el
principio
entienden eso,
entonces verán
cuan imposible
es organizar
una creencia.
Una creencia
es un asunto
puramente
individual, y
no pueden ni
deben
organizarla.
Si lo hacen,
se convertirá
en algo
muerto,
cristalizado,
en un credo,
en una secta,
en una
religión que
debe imponerse
a los demás.
Esto es lo que
todo el mundo
trata de
hacer. La
Verdad se
empequeñece y
se transforma
en un juguete
para los
débiles, para
los que están
sólo
momentáneamente
descontentos.
La Verdad no
puede
rebajarse, es
más bien el
individuo
quien debe
hacer el
esfuerzo de
elevarse hacia
ella. No
pueden traer
la cumbre de
la montaña al
valle; si
quieren
alcanzar la
cumbre de la
montaña, deben
cruzar el
valle, subir
la cuesta, sin
temor a los
peligrosos
precipicios.
De modo que
esta es la
primera razón,
desde mi punto
de vista, por
la que debe
disolverse la
Orden de la
Estrella. A
pesar de esto,
probablemente
crearán otras
Órdenes,
seguirán
perteneciendo
a otras
organizaciones
que buscan la
Verdad. Yo no
quiero
pertenecer a
ninguna
organización
de tipo
espiritual;
por favor,
comprendan
esto. Puedo
utilizar una
organización
que me lleve a
Londres, por
ejemplo, esa
es un tipo de
organización
diferente, es
simplemente
mecánica, como
el correo o el
telégrafo.
Puedo utilizar
un automóvil o
un buque para
viajar, tan
sólo son
mecanismos
físicos que
nada tienen
que ver con lo
espiritual. De
nuevo sostengo
que ninguna
organización
puede conducir
al hombre a la
espiritualidad.
Si para este
propósito se
crea una
organización,
se convertirá
en una muleta,
en una
debilidad, en
una
servidumbre
que por fuerza
mutila al
individuo y le
impide crecer,
establecer su
unicidad, que
consiste en
descubrir por
sí mismo esa
Verdad
absoluta e
incondicionada.
Por tanto, esa
es otra razón
por la cual he
decidido, como
máximo
responsable de
la Orden de la
Estrella,
disolverla;
nadie me ha
persuadido
para que tome
esta decisión.
Esta no es
ninguna gran
proeza, porque
no quiero
seguidores, y
lo digo en
serio. En el
momento en que
siguen a
alguien, dejan
de seguir a la
Verdad. No me
preocupa si
prestan o no
prestan
atención a lo
que digo;
quiero hacer
cierta cosa en
el mundo y voy
a hacerlo con
resuelta
determinación.
Mí único
interés es una
cosa esencial:
Hacer que el
hombre sea
libre. Deseo
liberarlo de
todas sus
jaulas, de
todos sus
temores, y no
crear
religiones,
nuevas sectas,
ni establecer
nuevas teorías
o filosofías.
Como es
natural, me
preguntarán
por qué
recorro el
mundo hablando
constantemente.
Les diré por
qué razón lo
hago. No por
qué desee
seguidores, no
por qué desee
un grupo
especial de
discípulos
selectos.
[¡Cómo les
gusta a los
hombres ser
diferentes de
sus
semejantes,
por ridículas,
absurdas o
triviales que
puedan ser sus
distinciones!]
No quiero
alentar ese
absurdo. No
tengo
discípulos ni
apóstoles, ya
sea en la
Tierra o en el
reino
espiritual.
Tampoco es la
tentación de
dinero, ni
tampoco me
atrae el deseo
de vivir una
vida cómoda.
¡Si quisiera
llevar una
vida cómoda no
vendría a este
Campamento ni
viviría en un
país húmedo!
Estoy hablando
con toda
sinceridad
porque quiero
que esto quede
claro de una
vez por todas;
no deseo que
estas
discusiones
infantiles se
repitan año
tras año.
Un periodista
que me
entrevistó,
consideraba un
acto grandioso
disolver una
organización
en la cual
militan miles
y miles de
miembros. Para
él, era una
gran acción,
porque me
dijo: «¿Qué
hará usted
después, de
qué vivirá? No
tendrá
seguidores, la
gente dejará
de
escucharle».
Con que sólo
haya cinco
personas que
escuchen, que
vivan con sus
rostros
mirando hacia
la eternidad,
será
suficiente.
¿De qué sirve
tener miles
que no
comprenden,
que están por
completo
embalsamados
en prejuicios,
que no quieren
lo nuevo, sino
que prefieren
traducir lo
nuevo para que
se ajuste a
sus propias
personalidades
estériles y
estancadas? Si
hablo
enérgicamente,
por favor, no
me
malinterpreten,
no es por
falta de
compasión. Si
acuden a un
cirujano para
operarse, ¿es
una falta de
amabilidad si
al operarle le
causa daño? De
la misma
manera, si
hablo con
claridad no es
por falta de
verdadero
afecto, sino
todo lo
contrario.
Como he dicho,
sólo tengo un
propósito:
Hacer que el
hombre sea
libre,
impulsarlo
hacia la
libertad,
ayudarle a
romper todas
sus
limitaciones,
porque sólo
eso le dará la
felicidad
eterna, le
dará la
realización de
sí mismo libre
de
condicionamiento.
Porque soy
libre y no
tengo
condicionamiento,
todo, no una
parte, no lo
relativo, sino
toda la Verdad
que es eterna,
deseo que
aquellos que
buscan
comprenderme
sean libres;
no para que me
sigan, no que
hagan de mí
una jaula para
convertirla en
una religión,
en una secta.
Más bien deben
liberarse de
todos sus
miedos: del
miedo de la
religión, del
miedo de la
salvación, del
miedo de la
espiritualidad,
del miedo del
amor, del
miedo de la
muerte, del
miedo de la
vida en sí
misma. Así
como un
artista pinta
un cuadro
porque se
deleita al
pintarlo,
porque es su
propia
expresión, su
gloria, su
satisfacción,
de la misma
forma yo hago
esto, y no
porque quiera
nada de nadie.
Están
acostumbrados
a la autoridad
o a la
atmósfera de
autoridad, y
creen que les
conducirá a la
espiritualidad.
Creen y
esperan que
otro, por sus
extraordinarios
poderes, por
un milagro,
podrá
trasportarles
al reino de la
eterna
libertad que
es la
Felicidad.
Toda su
perspectiva de
la vida se
basa en esa
autoridad.
Me han
escuchado
durante tres
años sin que
haya surgido
ningún cambio,
salvo en unos
pocos. Ahora,
consideren lo
que estoy
diciendo, sean
críticos para
que puedan
comprenderlo
completa y
fundamentalmente.
Si buscan una
autoridad para
que les
conduzca a la
espiritualidad,
automáticamente
se obligan a
construir una
organización
alrededor de
esa autoridad.
Pero por la
creación misma
de esa
organización,
la cual creen
que ayudará a
esa autoridad
para que les
guíe a la
espiritualidad,
quedarán
atrapados en
una jaula.
Estoy hablando
con toda
franqueza, por
favor,
recuerden que
es así, y no
desde la
dureza, la
crueldad o el
entusiasmo de
mi propósito,
sino porque
quiero que
comprendan lo
que estoy
diciendo. Esa
es la razón
por la que
están aquí, y
sería una
pérdida de
tiempo si no
explicara
claramente,
con decisión,
mi punto de
vista. Durante
18 años se han
preparado para
este
acontecimiento,
para la venida
del Instructor
del Mundo.
Durante 18
años se han
organizado,
han esperado a
alguien que
viniera a
darles una
nueva dicha a
sus corazones
y mentes, que
transformara
toda su vida,
que les diera
una nueva
comprensión; a
alguien que
les elevara a
un nuevo nivel
de la vida,
que les diera
un nuevo
estímulo, que
les hiciera
libres, ¡y
miren lo que
está
sucediendo
ahora!
Consideren,
razonen por sí
mismos y
descubran de
qué forma esa
creencia les
ha hecho
diferentes, no
hablamos de
diferencias
superficiales
como llevar
una insignia,
lo cual es
trivial y
absurdo. ¿De
qué forma una
creencia como
esa ha
eliminado
todas las
cosas no
esenciales de
la vida? Esa
es la única
manera de
valorarlo: ¿En
qué forma son
más libres,
mejores, más
peligrosos
para cualquier
sociedad
basada en lo
falso y lo no
esencial? ¿De
qué forma los
miembros de la
Organización
de la Estrella
son
diferentes?
Como decía,
durante 18
años se han
preparado para
mi venida. No
me preocupa si
creen o no que
soy el
Instructor del
Mundo, eso
tiene muy poca
importancia.
Desde el
momento en que
pertenecen a
la
Organización
de la Orden de
la Estrella,
han dado su
apoyo, su
energía,
aceptando que
Krishnamurti
es el
Instructor del
Mundo, parcial
o totalmente;
totalmente
para aquellos
que realmente
están
buscando, y
sólo
parcialmente
para aquellos
que están
satisfechos
con sus
propias medias
verdades.
Durante 18
años se han
preparado, y
miren cuántas
dificultades
tienen para
comprender,
cuántas
complicaciones,
cuántas cosas
triviales. Sus
prejuicios,
sus miedos,
sus
autoridades,
sus nuevas o
viejas
iglesias,
todas estas
cosas,
sostengo, son
una barrera
que impide la
comprensión.
No puedo
decirlo de
forma más
clara. No
quiero que
estén de
acuerdo
conmigo ni que
me sigan, sino
que comprendan
lo que digo.
Esa
comprensión es
necesaria,
porque sus
creencias no
les
transformarán,
sólo les
complicarán
porque no
están
dispuestos a
afrontar las
cosas como
son. Lo que
desean es
tener sus
propios
dioses, nuevos
dioses en
lugar de los
viejos, nuevas
religiones en
vez de las
viejas, muevas
formas en vez
de las viejas;
todas cosas
inútiles,
barreras,
imitaciones,
muletas. En
lugar de las
viejas
distinciones
espirituales
tienen nuevas
distinciones
espirituales,
en lugar de
los viejos
cultos tienen
nuevos cultos.
Todos dependen
de algún otro
para su
espiritualidad,
para su
felicidad,
para su
iluminación; y
aunque durante
18 años se han
estado
preparando
para mi
venida, cuando
digo que todas
estas cosas no
son
necesarias,
cuando digo
que deben
descartarlas y
deben mirar
dentro de sí
mismo para la
iluminación,
para la
gloria, para
la
purificación y
la
incorruptibilidad
del ser,
ninguno de
ustedes está
dispuesto a
hacerlo. Puede
que haya unos
pocos, pero
muy, muy
pocos. ¿Para
qué, entonces,
tener una
organización?
¿Por qué
personas
falsas,
hipócritas me
han seguido,
siguen la
encarnación de
la Verdad?
Recuerden, por
favor, que no
estoy diciendo
las cosas con
dureza o
crueldad, sino
que hemos
llegado a una
situación en
la que deben
afrontar las
cosas tal como
son. El año
pasado dije
que no
transigiría;
en aquel
momento muy
pocos me
escucharon.
Este año lo
expongo con
toda claridad.
No se cuántos
miles en el
mundo,
miembros de la
Orden, han
estado
preparándose
para mi venida
durante 18
años, sin
embargo, ahora
no están
dispuestos a
escuchar
incondicional
y totalmente
lo que digo.
Como decía
antes, mi
propósito es
hacer que los
hombres sean
incondicionalmente
libres, porque
sostengo que
la única
espiritualidad
es la
incorruptibilidad
del propio
ser, que es
eterno, que es
la armonía
entre la razón
y el amor. Esa
es la absoluta
e
incondicionada
Verdad que es
la Vida misma.
Deseo, por
tanto, que el
hombre sea
libre, que se
regocije como
el pájaro en
el cielo
claro; libre
de toda carga,
independiente,
inamovible en
esa libertad.
Y yo, para
aquellos que
se han estado
preparando
durante 18
años, ahora
les digo que
deben
liberarse de
todas las
cosas,
liberarse de
sus
complicaciones,
de sus
enredos; y
para esto, no
necesitan
ninguna
organización
basada en una
creencia
espiritual.
¿Por qué tener
una
organización
para cinco o
diez personas
en el mundo
que
comprendan,
que trabajan,
que han
desechado todo
lo trivial? Y
para los
débiles, no
puede haber
ninguna
organización
que les ayude
a encontrar la
Verdad, porque
la Verdad está
en cada uno de
nosotros; no
está lejos ni
cerca, está
eternamente
ahí.
Las
organizaciones
no pueden
hacernos
libres. Ningún
hombre desde
fuera puede
hacernos
libres; ningún
culto
organizado ni
el propio
sacrificio
para una causa
puede hacernos
libres; ni
formar parte
de una
organización o
dedicarse a un
trabajo puede
hacerles
libres.
Utilizan una
máquina para
escribir su
correspondencia,
pero no la
ponen en un
altar para
adorarla; sin
embargo, esto
es lo que
hacen cuando
las
organizaciones
se convierten
en su
principal
interés.
«¿Cuántos
miembros
tiene?» Esta
es la primera
pregunta que
me hacen todos
los
periodistas.
«¿Cuántos
seguidores
tiene?
Dependiendo
del número
decidiremos si
lo que dice es
verdadero o
falso». No sé
cuántos
miembros hay,
no estoy
interesado en
esto. Como
dije, con que
un sólo hombre
se liberara,
sería
suficiente.
Además, tienen
ustedes la
idea de que
tan sólo
ciertas
personas
poseen la
llave del
Reino de la
Felicidad.
Nadie la
tiene; ninguna
autoridad
tiene esa
llave. Esa
llave es el
propio ser de
cada uno, y
únicamente en
el desarrollo,
en la
purificación y
la
incorruptibilidad
de ese ser,
está el Reino
de la
Eternidad.
Así pues, se
darán cuenta
de lo absurda
que es toda la
estructura que
han construido
buscando ayuda
externa,
dependiendo de
otros para su
propio
bienestar,
para su propia
felicidad,
para su propia
fortaleza.
Estas cosas
sólo pueden
encontrarlas
dentro de sí
mismos.
¿Para
qué pues tener
una
organización?
Se han
acostumbrado a
que les digan
cuánto han
avanzado, cuál
es el grado de
espiritualidad
que tienen;
¡qué bobada!
¿Quién, sino
ustedes
mismos, puede
decirles si
son hermosos o
feos
internamente?
¿Quién sino
ustedes mismos
puede decir si
son
incorruptibles?
No son serios
en estas
cosas.
¿Para qué pues
tener una
organización?
Pero aquellos
que realmente
deseen
comprender,
que traten de
descubrir lo
que es eterno,
caminarán
juntos con
mayor
intensidad, y
serán un
peligro para
todo lo que no
sea esencial,
para las
irrealidades,
para las
sombras. Se
unirán y serán
como una llama
porque habrán
comprendido.
Debemos crear
un grupo así,
y ese es mi
propósito.
Debido a esa
verdadera
comprensión
habrá
verdadera
amistad.
Debido a esa
verdadera
amistad, que
al parecer no
conocen, habrá
verdadera
cooperación de
parte de cada
uno. El motivo
no será
ninguna
autoridad,
ninguna
salvación,
ningún
sacrificio por
una causa,
sino porque
realmente han
comprendido y,
en
consecuencia,
son capaces de
vivir en lo
eterno. Esto
es más grande
que todo
placer y todo
sacrificio.
De modo que
estas son
algunas de las
razones,
después de
haberlo
considerado
cuidadosamente
durante dos
años, que me
han llevado a
tomar esta
decisión. No
se trata de un
impulso
momentáneo;
nadie me ha
persuadido, no
me dejo
persuadir en
cosas como
estas. Durante
dos años lo he
pensado con
calma,
cuidadosamente,
pacientemente,
y he decidido
disolver la
Orden, puesto
que soy el
máximo
responsable.
Pueden formar
otras
organizaciones
y esperar a
algún otro.
Esto no me
concierne,
como tampoco
me concierne
crear nuevas
jaulas y
nuevas
decoraciones
para esas
jaulas. Mi
único interés
es hacer que
los hombres
sean
absolutamente,
incondicionalmente
libres."
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