jueves, 24 de mayo de 2012

De Yohana García: Francesco, una vida entre el cielo y la Tierra, extracto: Conociendo a Dios, Viaje a la Vida, 24 de mayo 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

DE: YOHANA GARCIA ... "FRANCESCO UNA VIDA ENTRE el CIELO y la TIERRA" ... Extracto: "CONOCIENDO A DIOS - VIAJE a la VIDA" ...

Francesco: 
*Conociendo a Dios 
y *Viaje a la vida. 

 * Conociendo a Dios 

 —Ahora ven, ubícate en este arco iris circular que marcan estas nubes y siéntate, abre tus alas, desplegándolas hasta donde puedas; abre tu alma, cierra los ojos y solamente espera. 

 —¿Qué es lo que me pasará? 

 —Ya lo verás. 

 Oyó un sonido muy intenso, olía un aroma muy dulce y el Cielo se abrió, como dos compuertas que se abren para dejar pasar el agua. 

 —Lo único que te pido, Francesco, es que no abras los ojos mientras tengas este encuentro —le recalcó el maestro. 

 —Haré lo que tú digas. 

 Seguía el movimiento en el Cielo; los sonidos y los aromas iban agudizándose más y más. Entonces apareció Dios, en todo su esplendor; con toda su luz y con su amor infinito por Francesco, le habló: 

 —Amado Francesco, ha llegado la hora de este encuentro tan deseado por los dos. Te amé, te amo y te amaré siempre, como amo a cada ser que he creado. No necesitas entenderlo todo, no necesitas que yo te pregunte nada. 

 Yo todo lo sé, he vigilado cada acto de tu vida, he estado en cada acontecimiento, en los pequeños y en los grandes momentos de tu vida. 

 Te he mandado llamar cuando era el momento de abandonar tu cuerpo. 

 Yo le doy, a cada ser, talentos, entre ellos el amor y la libertad; ser libre es toda una responsabilidad; es más cómodo tenerlo todo, como el pájaro al que encierran en una jaula y tiene todo servido, pero eso no es ser libre. 

 La libertad y el amor son lo máximo que les puedo dar. 

 Todos necesitan vivir lo más intensamente posible en total y plena armonía, hay que vivir cada día como si fuera el último de la existencia, como si fuera la última primavera o la última navidad. 

 Tus talentos son los dones que te regalo, para que seas una parte de mí; ellos se irán desarrollando, a medida que brindes tu amor y tu ayuda a todos los seres que te rodean. 

 Brinda servicio, sé humilde de corazón, ama a todo ser que halles en la Tierra como lo amo yo. 

 Nada debe faltarte si estás en plena armonía con tu mundo. 

 Ustedes hicieron guerras por haber elegido ser egoístas e ignorantes. Sus mentes son perfectas y sus recursos ilimitados, pero cometen errores, se equivocan y yo lo permito, porque son libres. 

 Yo tengo un ejército de seres altamente espirituales que se encargan de cumplir mis órdenes y de prestarles ayuda. 

 Tienen a mis ángeles que los acompañan y, por sobre todo, tienen mi amor.

 Yo amo a cada ser que habita el planeta; lo sé todo y lo puedo todo. 

 Yo he creado a cada alma para que viva y se nutra de experiencias; para que crezca y sea feliz. 

 No castigo; les doy señales y advertencias, pero muchas veces están tan cerrados que no las reciben. Entonces espero y se las vuelvo a mandar, en algún momento las reciben y aprenden. 

 Soy tu Dios, quien te ha creado con todas la virtudes, quien te ha dado el poder infinito. Ahora tendrás que acordarte de esto: nada tiene más valor que un ser humano, sea o no perfecto; no hay buenos ni malos, la diferencia está en que hay personas más sabias que otras. 

 Algunas aprovechan la vida y otras no pero, como siempre hay otra oportunidad para volver a nacer, lo que no se aprende en una vida se aprende en otra. 

 El que es justo tendrá justicia. 

 El que se equivocó tendrá más pruebas que pasar. 

 Hay una sola forma de crecer sin sufrir: amar a cada ser con todo el alma. Pase lo que pase, sigue amando la vida y el universo, porque mi justicia siempre llega y yo quiero lo mejor para ustedes. 

 A veces son ustedes los que no saben buscar lo mejor. Igualmente, siempre se puede seguir buscando. 

 Ahora, Francesco, dime lo que sientes: ¿quieres volver a nacer? 

 El alma de Francesco vibraba tanto que daba saltos: parecía que hasta tenía latidos. Un gran escalofrío le recorrió las alas; el calor que le daba Dios lo acariciaba y, con una voz entrecortada y no muy segura, le respondió: 

 —Sí, y quiero ser feliz. 

 —Ya lo aprendiste en el otro Cielo. 

 —Aprendí la teoría, la práctica no sé si será tan fácil. 

 —No te olvidarás, porque uno nunca se olvida de los buenos momentos vividos, aunque lo hayas aprendido en el Cielo. 

 —Todo está guardado en el estuche de tu alma. 

 —¿Entonces, seré feliz? 

 —Serás lo que desees ser. Recuerda esta fórmula y todo será muy fácil: llena siempre tu corazón de palabras alentadoras, ponle canto de pájaros. 

 Enciende colores en tu cuerpo por cada momento grato que te acontezca.

 Deja que la mente se aquiete para que tus pensamientos sean claros. 

 No digas "no puedo". 

 No te justifiques, ni te pongas en ninguna categoría, no te maltrates. 

 Cuando aparezca un deseo, pídelo para que aquí arriba te abramos los caminos. 

 Pon en acción todo lo que desees hacer y, ante cada obstáculo que se te presente, piensa qué intención positiva te está dando; por cada piedra que se te presente en tu camino, pregúntate de qué te sirve, de qué te cuida, por qué está allí. Una vez que tengas las respuestas, podrás correrla de lugar y seguir avanzando. No tienes pendiente asumir alguna consecuencia de acciones negativas tuyas en esta próxima vida, así es que cuentas con puntos a tu favor. 

 —Pienso y pienso si quiero volver y no encuentro la respuesta. Y me pregunto; ¿para qué crecer?… Pasar de nuevo, por cada etapa hasta que llegue mi hora de morir es como construir una casa, perderla y volver a empezar. Y, por otro lado, pienso que la vida tiene momentos maravillosos que en el Cielo no existen, como el encuentro entre dos personas, sentir la piel de uno con la del otro, comer, bailar, soñar… ¿cómo haré para equivocarme menos y disfrutar más? 

 Ya no cometeré los errores pasados, pero seguramente cometeré otros. No seré miedoso, ni dudaré tanto, pero tendré otras limitaciones y, si vuelvo a nacer, quiero ser feliz, sentirme feliz y ver felices a los que me rodean. Y yo sé que eso no será fácil. ¿Puedes prometerme que todo será como yo desee? Si me dices que sí, yo volveré a vivir. 

 —Yo no te puedo contar la próxima vida, ni el principio ni el final, porque no tendría la misma intensidad ni el mismo aprendizaje. 

 Tú ya tienes la receta para vivir plenamente; ya conoces los ingredientes para que todo sea más llevadero. Te faltará uno que otro condimento pero, si sabes buscar en tu interior, lo encontrarás con facilidad y seguirás con la acción del deseo, hasta llegar a ver cada objetivo realizado. 

 Busca en tu corazón la verdad. Ahí están todas las respuestas de la vida.

 Guíate por el latir de tu corazón, por el fluir de tu sangre, por el calor de tu piel, por el brillo de tu mirada. Guíate por tu percepción y seguirás el sendero correcto. 

 Eres y serás un ser ilimitado; lograrás todo lo que desee tu ser sigues las leyes de la naturaleza y nadas a favor de la corriente y no en contra. 

 Mira todo lo que te rodea como si llevaras lentes de color rosa. 

 Habrá cosas que te agraden: contémplalas más tiempo. Deja de lado las que no te gusten, pero no las deseches; quizás más adelante te puedan gustar.

 Uno es en la vida lo que percibe de ella. Te sentirás feliz si todas tus partes están en paz y en armonía. Y, si así te sientes, los que te rodean se contagiarán de lo que les transmites, y también serán felices. 

 La vida sirve para que la transformes en un paraíso, si te dedicas a amarla.

 Tú eres amor puro, no lo dudes ni un instante. 

 Yo soy amor puro y te he creado para que te ames siempre. 

 Y amar al otro no es difícil; es complicado porque tienes que aceptar a cada uno como es. No ames la representación que te haces del otro, ama su ser y su realidad, y deséale su bien como deseas el propio. 

 Cuando te falten respuestas, búscalas en tu corazón; él no miente ni te engañará nunca. 

 Cometerás errores; si no, ¿de dónde adquirirías experiencias?. Pero podrás ser tu propio mago si los valoras y los aceptas. 

 Tendrás pruebas que pasar; quizás algunas sean fuertes y otras no tanto. Yo siempre te daré señales y, si tú las recibes, esas pruebas serán bienvenidas por ti, porque te enseñarán a crecer. 

 Alimenta tu espíritu con cada aprendizaje; siente cada momento que vivas como único e irrepetible. Y, si el momento es bueno, revívelo en tu memoria todas las veces que puedas; y, si el momento no te agrada, acéptalo y gana experiencia. 

 Sé muy bien lo que quieres y qué piensas. Solamente los espíritus que no tienen coraje se quedan en este plano. Igualmente, eres libre de tomar cualquier decisión. 

 La vida que te doy será como una caja de sorpresas, y tú irás llenándola de momentos agradables y de dulzura. 

 Tú harás la magia de transformarte en un ser libre de presiones y de penas, si sabes usar la alquimia de tu corazón. 

 Yo te daré un mazo de cartas, con las que podrás jugar la mejor partida de tu vida. 

 Siente pasión cuando hagas algo que te guste. 

 No dejes que los demás tomen determinación sobre tus acciones. No los culpes de lo que te pase; tú, solamente tú, tienes el carro de tu vida. 

 Serás feliz, si lo deseas. 

 Cuando mires, permite que tus ojos te dejen ver más allá de lo que tu mirada pueda alcanzar... 

 Cuando oigas que los pájaros cantan, quédate en silencio y, simplemente, disfruta de su canto, ellos cantan porque son felices. 

 Cuando sientas la lluvia que cae, deja que te moje, y cuando salga el sol, siente cómo acaricia tu piel. 

 Y, cuando escuches el viento soplar, piensa que sopla trayendo mensaje de paz. 

 Todo esto está a tu disposición, todo estará al alcance de tu mano; tú sólo tienes que estirar el brazo y tomar lo que desees. 

 Solamente tienes que estar atento a que nada te pase en vano y a que aproveches cada día que pase como sí fuera el último. 

 Tú elegirás los padres que quieras tener y, una vez que lo hagas, entrarás en un pequeño cuerpo. Entonces, sí, lánzate a la aventura de vivir; si no, te quedarás con nosotros. 

 Y, cuando estés preparado, tú pídeme nacer y yo te concederé lo que me pidas. 

 —¡Ya lo pensé, quiero volver a vivir! Después de todo, es bueno tener otra oportunidad. 

 —¡Bien, muy bien, Francesco! Me alegra tu decisión. Me alegra que te hayas decidido. Yo te envío a la vida con todo mi amor. Te doy mi bendición y te la seguiré dando siempre, así que, cuando quieras, empezarás el regreso. 

—¡Cuánto antes! 

 —Entonces, me despido de tí, aunque seguiré guiándote desde este lugar.

 ¡Te amo profundamente, querido Francesco! 

 ¡Yo también te amo, por todo lo que me has dado, por lo que nos das a todos los seres del mundo! 

 —Te amo, hijo mío. 

 El Cielo empezó a temblar. Mientras Francesco seguía con los ojos cerrados, sentía cómo las compuertas que antes se habían abierto ahora se estaban cerrando; los sonidos y los aromas se iban disipando. 

 El calor que lo inundaba era como millones de caricias y de besos. 

 Sentía éxtasis, plenitud, goce, todo junto. 

 Esta experiencia había sido grandiosa, y su alma seguía latiendo como el galope de una tropa de caballos. 

—Abre los ojos —le dijo el maestro. 

 Francesco, con mucho esfuerzo, fue abriendo sus ojos, emocionado. 

 Respiró profundamente, como queriéndose tomar todo el aire del Cielo; sintió que todo le daba vueltas. Hasta que, poco a poco, fue armonizándose y volviendo al equilibrio anterior. 

 Se puso de pie, acomodó sus alas y, todavía en el círculo que formaba el arco iris, miró hacia arriba y se volvió a comunicar con Dios, esta vez desde el pensamiento, y dijo: "gracias, infinitas gracias". 

 * Viaje a la vida 

 Emocionado aún, el maestro le hizo señas que ya podía dejar el círculo. 

—Acompáñame, ha llegado la hora; ven, vuela conmigo y sígueme. Nos detendremos cuando veas unas arcadas de destellos dorados. 

 —¿Me dirás a donde vamos? 

 —Vamos a la vida. 

 —¿Cómo es nacer? 

 —Como morir: cuesta un poco, pero tú sabes que es todo una gran aventura.

 —Allí están los arcos, ¿y ahora qué hacemos? 

 —Viajamos. 

 —¿Y todas esas almas en fila? 

 —Están esperando para nacer. 

 —¿Y a mí me tocará pronto? 

 —¿Estás apurado? 

 —No, ansioso. 

 —Deja que cada uno tome su lugar; ya te tocará a ti. 

 —Mira, ¡allí adelante está Rosario! ¿Cómo es que está aquí? Ella iba a volver antes que yo. 

 —Ella quiso esperarte. 

 —Déjame que le avise que aquí estoy. 

 —Ella ya lo sabe. 

 —Entonces, deja que vaya a saludarla; quizás podamos nacer juntos. 

—¡Espera, espera! Deja que ella elija dónde nacer; si no, influirás sobre esa decisión. 

 —Pero, si ella me estuvo esperando, significa que quiere estar conmigo. 

—Deja las cosas así; cuando vuelvan a la vida tendrán la posibilidad de encontrarse, si es parte del camino de cada uno. Y, si no es así, entonces volverán a encontrarse de vuelta aquí. 

 —Déjame saludarla; si ella me esperó, se lo merece; después de todo, sigo siendo un espíritu libre y puedo elegir. 

 —Pero perderás tu lugar y yo no te lo guardaré. 

 —Eso no importa, esperaré más si es necesario. ¡Rosario, Rosario! 

 Pero Rosario ya estaba traspasando el arco de la vida y, como quien ve una estrella caer del firmamento, así vio Francesco a Rosario viajar hacia la vida.

 Rosario, convertida en un rayo azul, alma pura, fue a nacer, a morar a un cuerpo, a una vida nueva. 

 Y Francesco volvió a su lugar y, sin emitir sonido, se acomodó al lado de su maestro. 

 Y su maestro respetó ese silencio. 

 Acompañó a Francesco, paso a paso, a medida que la fila iba avanzando y avanzando. 

 —Adelante, Francesco, mira hacia abajo; elige dónde quieres nacer: 

 —En el mismo lugar, en Italia; esta vez quisiera que sea Florencia. Siempre me gustaba pasear por las calles de la bella Florencia. 

 El maestro chasqueó sus dedos y le mostró los rostros de muchas personas, hasta que a Francesco le llamó la atención una pareja joven y dijo: 

 —Quiero estos padres. 

 —¿Por qué quieres estos padres? 

 —No sé, les veo cara conocida. 

 —¿Sabes quiénes fueron? 

 —No.. 

 —Fueron tus hermanos en una vida anterior. 

 —¿Por eso los he elegido? 

 —Uno siempre está cerca de los seres que elige, aunque cumplan diferentes roles. 

 —Yo los quiero a ellos: algo me dice que ése es el lugar. 

 —Serán sumamente protectores y exigentes, pues serás único hijo; ellos te amarán mucho más que los padres que tuviste antes, a los que tú llamaste "abandónicos". 

 Te cuidarán tanto que te ahogarán; no será fácil convivir con ellos, porque es más difícil defenderse de padres que te ahogan de amor que de los que te dejan solo. 

 Tu padre vivirá poco, pero te dejará los mejores recuerdos, los más profundos. 

 Tu madre querrá que tú la acompañes siempre, y tú le enseñarás a fortalecerse y sentirse bien, aunque esté sola. 

 Porque tú serás como un pájaro: querrás ser libre e irás por la vida sin rumbo. 

 —Me estás contando todo; así no sirve. 

 —No te preocupes; de esta conversación, sí te olvidarás. Ahora elige: ¿quieres estos padres o prefieres otros? 

 —Me gustan los desafíos: elijo estos. 

 —Bien, amigo; entonces respira profundamente, gira y gira en el sentido de las agujas del reloj, hasta convertirte en un rayo; da un paso hacia delante y cae hacía la Tierra, nace, busca una nueva vida. 

 Ahí tienes otra oportunidad para ser feliz. 

 Acuérdate que en la vida vas a caer, vas a tropezar, pero siempre ten la intención de volver a levantarte, para seguir tu marcha. 

 Vivir es fuerza, coraje y decisión. ¡Adelante! ¡Te deseo lo mejor! 


Nosotros escribimos las páginas del libro de nuestra vida. 
Todo el tiempo elegimos el modo de llenarlas. 
Algunas son más alegres que otras. 
A veces, dejamos demasiados espacios en blanco. 
Otras, dejamos capítulos inconclusos. 
Nosotros tenemos el poder de seleccionar los sueños que nos gustaría vivir. Pongamos amor, fuerza, actitudes positivas, para que el libro de cada uno tenga un final feliz en esta vida. 


Extracto de: "Francesco Una vida entre el Cielo y la Tierra 

De: Yohana Garcia"



Continúa: "Francesco - Volver a Empezar"..

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